Mientras que las estadísticas señalan que en Cali la pobreza extrema se redujo gracias a mejoras en empleo y educación, una investigación de la Universidad del Valle muestra que muchas familias pobres de esta ciudad no reciben los beneficios de estas mejoras y, por el contrario, empeoran cada vez más sus condiciones de vida.
Según el DANE, en Cali la pobreza disminuyó de 26.1% en 2010 a 16.6% en 2016 y la pobreza extrema en el mismo periodo se redujo de 6.4% a 3.4%. Sin embargo, los resultados del estudio muestran que las familias en condición de pobreza no cuentan con recursos propios y que el contexto social no les ofrece posibilidades que les permitan enfrentar el día a día, es decir, están en condiciones de alta vulnerabilidad. Lo más preocupante de la situación, según los investigadores a cargo del estudio, es que esta alta vulnerabilidad en la que se encuentran las familias pobres de Cali puede asimilarse a una “enfermedad crónica”, ya que la viven sin mejoras y ha sido transmitida de generación en generación. Las limitadas oportunidades a las que acceden las familias pobres son en gran medida la razón por la que no se resuelve el problema. Las acciones del Estado en esta población son parciales: se prestan algunos servicios de salud y educación preescolar, básica, media y técnica, y en algunos casos, la entrega de subsidios que no llegan a todas las familias que tendrían que beneficiarse con estos programas.
“Una cosa son las estadísticas y otra la realidad que viven las familias en situación de pobreza en Cali. Lo que hallamos en las familias que participaron en el estudio es que abuelos, padres e hijos siguen viviendo en las mismas condiciones de dificultad y que durante años el entorno social sigue siendo igual de adverso, sin brindarles mayores recursos o estabilidad para planear y mejorar su futuro. La calidad de vida de estas familias no ha mejorado en años y por el contrario parece ir por un rumbo negativo, mientras las cifras del Gobierno reportan cambios positivos”, explican los profesores de la Universidad del Valle, Constanza Díaz Grajales, investigadora principal del estudio y Nicolás Ortiz Ruiz, coinvestigador.
Hogares pobres en alta vulnerabilidad
El estudio señalado, titulado “Estrategias de sobrevivencia y autogestión en familias pobres de Cali, 2015”, se propuso analizar las estrategias que aplican familias en situaciones de pobreza para enfrentar el día a día y su futuro, así como también las oportunidades y limitaciones que les ofrece el contexto en el que viven.
Para ello los investigadores realizaron un análisis de información estadística en 75 hogares que reunió a 381 personas; adicionalmente, se seleccionaron algunos de estos hogares para la realización de entrevistas. Todo esto se desarrolló en la comuna 16 que está ubicada al oriente de la ciudad, en la cual más del 90% de sus viviendas son de estrato 2.
Para escoger los hogares analizados se tuvo en cuenta que al menos una persona en ellos hubiera sido calificada en pobreza extrema y estuviera incluida en uno de los programas estatales para la superación de la pobreza extrema. Según la clasificación que estableció el Gobierno Nacional en 2015, un hogar se considera en la pobreza si cuatro de sus integrantes perciben un ingreso total al mes por debajo de $894.552 y en pobreza extrema si su ingreso total está por debajo de $408.436 al mes.
Los investigadores encontraron que un 48% de los hogares estudiados están en un nivel de alta vulnerabilidad, un 18,7% son extremadamente vulnerables y un 33,3% levemente vulnerable.
Según los investigadores, aunque las familias estudiadas están en programas estatales para superar la pobreza, siguen viviendo con limitaciones como empleos escasos y precarios, trabajo informal, dependencia del trabajo y de los ingresos de uno solo de sus miembros, viviendas en condiciones precarias, escaso acceso a educación formal completa y de calidad, altos niveles de abandono escolar, débiles relaciones familiares y de comunidad, y rechazo a participar en organizaciones sociales y políticas del sector y del municipio.
A eso se suman las escasas oportunidades que tienen para acceder a la educación superior, a servicios de salud de mayor complejidad y a sistemas de transporte adecuados.
Estrategias de supervivencia que no funcionan
El estudio muestra que las familias emprenden estrategias de sobrevivencia, pero no logran avanzar hacia la superación de la pobreza; además, muchas de estas acciones generan nuevas problemáticas antes que mejoras.
Por ejemplo, muchas agrandan sus familias como estrategia para generar ingresos, compartir gastos o apoyarse para cuidar a los menores o personas adultas mayores, pero dadas las condiciones y la capacidad de sus viviendas, lo que sucede es que se incrementa el hacinamiento, aumenta la dependencia económica por la inestabilidad de los empleos, aumentan los conflictos familiares y en ocasiones puede favorecer la ocurrencia de violencia sexual y familiar.
Por otro lado, otras se las ingenian para incrementar ingresos a partir del trabajo de las mujeres, ya sea en la casa, en lugares cercanos o en otros espacios de la ciudad. Pero esto aumenta el doble o triple la carga de trabajo para las mujeres, al tiempo que afecta el cuidado individual y familiar, y les limita el tiempo para sus familias y para ellas mismas, generando nuevas condiciones de vulnerabilidad.
Con estos resultados los investigadores llaman la atención a que en estos momentos del pos acuerdo de paz, en el país se deben realizar acciones no solo para atender los efectos del conflicto armado, sino los conflictos sociales que históricamente no han sido resueltos, fortaleciendo la protección social para víctimas, pero también para grupos, territorios y regiones específicas.
Consideran que la superación de la pobreza no debe enfocarse solamente a contener el problema mediante la garantía de condiciones mínimas de subsistencia para las familias, sino asegurando efectivamente el goce de sus derechos para acceder a oportunidades y medios que les mejoren sus condiciones de vida.
Esta investigación fue financiada por la Universidad del Valle al Grupo de Epidemiología y Salud Poblacional, GESP, de la Escuela de Salud Pública, y al Grupo de Gestión y Políticas Públicas de la Facultad de Ciencias de la Administración de la misma institución.
Informes:
Universidad del Valle
Profesora Constanza Díaz Grajales
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Fuente:
Grupo de Comunicaciones - Escuela de Salud Pública, Facultad de Salud, Universidad del Valle.
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